Giroux, Henry (2013). La Pedagoga crtica en tiempos ... GIROUX 14 Facultad de Ciencias Humanas...

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  • 13Facultad de Ciencias HumanasUNLPamISSN 0328-9702 / ISSN 2313-934X (enero - diciembre 2013)

    Ao XVII, N 17 / 1 y 2pp. 9-11

    Introduccin

    En todo el mundo, las fuerzas del neoliberalismo, o lo que podra denominarse la ltima fase del capitalismo depredador, van por el camino de desmantelar los benefi cios sociales garantizados histricamente y otorgados por el estado benefactor, defi niendo a la obtencin de ganancias como la esencia de la democracia, incrementando el rol del dinero corporativo en la poltica, des-atando una guerra contra los gremios, expandiendo el estado de seguridad militar, promoviendo el aumento de desigualdades en

    Resumen

    En todo el mundo, las fuerzas del neoli-beralismo, o lo que podra denominarse la ltima fase del capitalismo depreda-dor, van por el camino de desmantelar los benefi cios sociales garantizados hist-ricamente y otorgados por el estado be-nefactor. Esta es una razn de peso para que los educadores y otros aborden cues-tiones sociales importantes y defi endan la educacin pblica y superior como esferas pblicas democrticas; necesitan un nuevo lenguaje poltico y pedaggico para abordar los cambiantes contextos y cuestiones y desarrollar formas de peda-goga crtica capaces de desafi ar al neo-liberalismo y a otras tradiciones antide-mocrticas. Se abordan en este artculo la nocin de los docentes como intelectua-les pblicos, la pedagoga y el proyecto de democracia en rebelin, la pedagoga y la poltica de la responsabilidad, y fi nal-mente la pedagoga como una forma de resistencia y esperanza educada. La espe-ranza educada es la base para dignifi car nuestra labor como intelectuales; ofrece el conocimiento crtico ligado a un cam-bio social democrtico, est arraigada en responsabilidades compartidas y permi-te a docentes y estudiantes reconocer la ambivalencia y la incertidumbre como dimensiones fundamentales del aprendi-zaje. Esta esperanza ofrece la posibilidad de pensar ms all de lo dado y deja abierto un terreno pedaggico en el cual docentes y estudiantes pueden compro-meterse en la crtica, el dilogo y una lu-cha por la justicia social.

    Palabras clave: pedagoga crtica, democra-cia, responsabilidad, esperanza educada.

    Critical Pedagogy in dark times

    AbstractAcross the globe, the forces of neoliber-alism, or what might be called the latest stage of predatory capitalism, are on the march dismantling the historically guar-anteed social provisions provided by the welfare state. Th is is all the more reason for educators and others to address im-portant social issues and to defend public and higher education as democratic pub-lic spheres; educators need a new political and pedagogical language for addressing the changing contexts and issues develop-ing forms of critical pedagogy capable of challenging neoliberalism and other anti-democratic traditions. Th is paper presents the notion of teachers as public intellec-tuals, pedagogy and the project of insur-rectional democracy, pedagogy and the politics of responsibility, and fi nally, ped-agogy as a form of resistance and educated hope. Educated hope provides the basis for dignifying our labor as intellectuals; it off ers up critical knowledge linked to democratic social change, it is rooted in shared responsibilities, and allows teach-ers and students to recognize ambivalence and uncertainty as fundamental dimen-sions of learning. Such hope off ers the possibility of thinking beyond the giv-enand lays open a pedagogical terrain in which teachers and students can en-gage in critique, dialogue, and a struggle for social justice.

    Key words: critical pedagogy, democracy, responsibility, educated hope.

    La Pedagoga crtica en tiempos oscuros

    Henry GIROUX*

    (*) Global Television Network Chair. Eng-lish and Cultural Studies,

    McMaster University, Chester New Hall, Room 229, 1280 Main Street

    West Hamilton, Ontario, Canada L8S 4L9

    Columnist for Truthout.org Phone: 905 525 9140, Ext. 26551

    Fax: 905-777-8316Web site: http://henryagiroux.com/

    Regular contributor: www.truthout.orghenry.giroux@gmail.com

    Detalle obra sin ttuloDini Caldern

    Ao XVII, N 17 / 1 y 2pp. 13-26

  • Henry GIROUX

    14 Facultad de Ciencias HumanasUNLPamISSN 0328-9702 / ISSN 2313-934X

    (enero - diciembre 2013)Ao XVII, N 17 / 1 y 2pp. 13-26

    riqueza e ingresos, fomentando la erosin de las libertades civiles, y debilitando la fe pblica en las instituciones que defi nen la democracia1. A medida que las mentalidades y moralidades de mercado imponen restricciones en todos los as-pectos de la sociedad, las instituciones democr-ticas y las esferas pblicas se van reduciendo, o bien desapareciendo completamente. A medida que estas instituciones desaparecen desde las escuelas pblicas hasta los centros de salud se produce tambin una seria erosin de los dis-cursos de comunidad, justicia, igualdad, valores pblicos, y bien comn.

    Cada vez ms, se vive en sociedades que se basan en el vocabulario de eleccin y en una negacin de la realidad una negacin de la des-igualdad masiva, las disparidades sociales, la con-centracin irresponsable de poder en relativa-mente pocas manos, y un creciente mecanismo de muerte social y cultura de la crueldad2. En tanto el poder se torna global y es removido de las polticas locales y nacionales, una clase irres-ponsable de corredores de bolsa corporativos ul-tra-ricos defi ne a ms y ms individuos y grupos como descartables, innecesarios e irrelevantes. En consecuencia, hay un creciente nmero de gen-te, especialmente jvenes, que habita con mayor frecuencia zonas de difi cultades, sufrimiento y exclusin terminal.

    Esta es una razn de peso para que los educa-dores y otros aborden cuestiones sociales impor-tantes y defi endan la educacin pblica y supe-rior como esferas pblicas democrticas. Vivimos en un mundo en el cual todo se ha privatizado, transformado en espacios espectaculares de con-sumo, y que se encuentra sujeto a las vicisitu-

    des del estado de seguridad militar3. Una de las consecuencias es la aparicin de lo que el extinto Tony Judt denomin una sociedad eviscerada una sociedad a la que se le ha arrancado la grue-sa trama de obligaciones mutuas y responsabili-dades sociales que se pueden hallar en cualquier democracia viable4. Esta cruda realidad ha sido denominada una socialidad fallida un fraca-so en el poder de la imaginacin cvica, voluntad poltica y democracia abierta5. Es tambin parte de una poltica que despoja de lo social a cual-quier ideal democrtico. El guin ideolgico re-sulta ahora familiar: no existe el bien comn; los valores de mercado se convierten en el patrn para darle forma a todos los aspectos de la socie-dad; el individuo libre y poseedor de bienes no tiene obligaciones ms all de su propio inters; el fundamentalismo de mercado supera los valores democrticos; el gobierno, y particularmente el estado benefactor, son los mayores enemigos de la libertad; los intereses privados niegan los va-lores pblicos; el consumismo se convierte en la nica obligacin de la ciudadana; la ley y el or-den constituyen el nuevo lenguaje para movilizar temores compartidos, ms que responsabilidades compartidas y la guerra se torna el principio de organizacin ms abarcativo para el desarrollo de la sociedad y de la economa6.

    Dada la actual crisis, los educadores necesi-tan un nuevo lenguaje poltico y pedaggico para abordar los cambiantes contextos y cuestiones que enfrenta un mundo en el cual el capital se vale de una convergencia de recursos sin prece-dentes fi nancieros, culturales, polticos, econ-micos, cientfi cos, militares, y tecnolgicos para ejercer formas de control poderosas y diversas. Si

    Sin ttulo, grabadoDini Caldern

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    15Facultad de Ciencias HumanasUNLPamISSN 0328-9702 / ISSN 2313-934X (enero - diciembre 2013)

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    los educadores, entre otros, desean contrarrestar la acrecentada habilidad del capitalismo global para separar la esfera tradicional de la poltica del ahora poder transnacional, resulta de cru-cial importancia desarrollar enfoques educativos que rechacen el desmoronamiento de la distin-cin entre las libertades de mercado y las liberta-des civiles, una economa de mercado y una so-ciedad de mercado. Esto sugiere el desarrollo de formas de pedagoga crtica capaces de desafi ar al neoliberalismo y a otras tradiciones antidemo-crticas incluyendo la creciente criminalizacin de los problemas sociales tales como la falta de hogar, al mismo tiempo que restablecen un pro-yecto democrtico radical que provee las bases para imaginar una vida ms all del mundo de los sueos del capitalismo. En esas circunstan-cias, la educacin se convierte ms que en una evaluacin con altos niveles de exigencia y siste-mas de premios, en una obsesin por los esque-mas de responsabilidad, la cultura de las audito-ras, las polticas de tolerancia cero, y un sitio en el que simplemente se entrena a los estudiantes para convertirse en mano de obra. Lo que est en riesgo aqu es el reconocer el poder de la educa-cin para crear la cultura formadora, necesaria tanto para desafi ar las mltiples amenazas pues-tas en marcha contra la idea misma de justicia y democracia, como al mismo tiempo para luchar por esas esferas pblicas, ideales, valores y cursos de accin que ofrecen modos de identidad, rela-ciones sociales y polticas alternativas.

    Tanto en los discursos conservadores como en los progresistas, la pedagoga es a menudo tra-tada como un conjunto de estrategias y habilida-des para usar con el objetivo de ensear temas es-pecifi cados con anterioridad. En este contexto, la pedagoga se torna sinnimo de enseanza como tcnica o prctica de una habilidad similar a un arte. Cualquier nocin posible de pedagoga cr-tica debe rechazar esta defi nicin y sus infi nitas y serviles imitaciones, an cuando se presenten como parte de un disc