GENEROS SEXOS GENÉTICA

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22/2/2015 Ni tan hombres ni tan mujeres Versión para imprimir | ELESPECTADOR.COM http://www.elespectador.com/print/545480 1/3 Actualidad | Sab, 02/21/2015 21:00 Ni tan hombres ni tan mujeres Por: Pablo Correa Los avances en biología y genética están redefiniendo las fronteras del sexo en humanos. En la más sencilla de las clases de genética se enseña que los hombres llevan en su material genético un cromosoma X y uno Y, mientras las mujeres portan dos cromosomas X. Esa era la frontera biológica más clara entre unos y otras hasta hace poco. Pero el florecimiento de técnicas genéticas más refinadas ha puesto patas arribas todas las concepciones biológicas, y por ende filosóficas, sobre las diferencias sexuales en humanos. Los límites entre hombres y mujeres, a la luz de la ciencia, son mucho más gelatinosos de lo que plantean los médicos Pablo Arango y Álvaro Romero de la Universidad de la Sabana en el concepto que enviaron a la Corte Constitucional clasificando a los homosexuales como “enfermos”. Son límites más borrosos de lo que insinúa la exsenadora Viviane Morales al referirse a “familias óptimas” conformadas por un hombre y una mujer. En un buen reportaje para la revista Nature, titulado “Sexo redefinido”, la periodista británica Claire Aisnworth recopiló la mejor evidencia, esta sí científica, sobre las fronteras entre los sexos. Datos que no deberían quedar por fuera del debate en Colombia. El reportaje comienza citando el caso de una mujer embarazada que en 2010 llegó a las manos del genetista australiano Paul James en el hospital Royal Melbourne. Tras una serie de exámenes de rutina para descartar anormalidades en el bebé, los genetistas se llevaron una sorpresa: un porcentaje de las células de la madre portaban cromosomas XX, como corresponde al sexo femenino, pero otro tanto eran células XY, indicando que eran células masculinas.

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ENSAYO RELATIVO A INVESTIGACIONES EN ASUNTOS DE GENERO

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Actualidad | Sab, 02/21/2015 ­ 21:00

Ni tan hombres ni tan mujeresPor: Pablo Correa

Los avances en biología y genética están redefiniendo lasfronteras del sexo en humanos.

En la más sencilla de las clases de genética se enseña que los hombres llevan en su material

genético un cromosoma X y uno Y, mientras las mujeres portan dos cromosomas X. Esa era

la frontera biológica más clara entre unos y otras hasta hace poco. Pero el florecimiento de

técnicas genéticas más refinadas ha puesto patas arribas todas las concepciones biológicas, y

por ende filosóficas, sobre las diferencias sexuales en humanos.

Los límites entre hombres y mujeres, a la luz de la ciencia, son mucho más gelatinosos de lo

que plantean los médicos Pablo Arango y Álvaro Romero de la Universidad de la Sabana en

el concepto que enviaron a la Corte Constitucional clasificando a los homosexuales como

“enfermos”. Son límites más borrosos de lo que insinúa la exsenadora Viviane Morales al

referirse a “familias óptimas” conformadas por un hombre y una mujer.

En un buen reportaje para la revista Nature, titulado “Sexo redefinido”, la periodista británica

Claire Aisnworth recopiló la mejor evidencia, esta sí científica, sobre las fronteras entre los

sexos. Datos que no deberían quedar por fuera del debate en Colombia.

El reportaje comienza citando el caso de una mujer embarazada que en 2010 llegó a las

manos del genetista australiano Paul James en el hospital Royal Melbourne. Tras una serie

de exámenes de rutina para descartar anormalidades en el bebé, los genetistas se llevaron

una sorpresa: un porcentaje de las células de la madre portaban cromosomas XX, como

corresponde al sexo femenino, pero otro tanto eran células XY, indicando que eran células

masculinas.

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“Definir el sexo puede ser más complicado de lo que uno cree”, apuntó la periodista. Los

médicos suelen referirse a esas discrepancias como “Trastornos del desarrollo sexual”. Pero

esa es sólo una etiqueta. La verdad es que a los genetistas la evidencia científica les ha

enseñado que más que un sistema binario de hombres y mujeres, el sexo de los seres

humanos es un amplio y difuso espectro.

“Creo que existe una gran diversidad entre hombres y mujeres, e incluso hay un área en la

que se sobreponen personas que no pueden definirse con facilidad”, comentó en este

reportaje John Achermann, de la U. de Londres.

El sexo, recuerda Aisnworth, suele comenzar a definirse entre la quinta y la sexta semana de

gestación. Hasta ese punto los embriones son prácticamente iguales. Cualquier alteración en

el proceso hormonal que se desencadena en ese cortísimo lapso de tiempo puede conducir

por un camino u otro al embrión. Puede resultar en que embriones con cromosomas XY se

conviertan físicamente en mujeres y viceversa, que embriones marcados genéticamente como

XX terminen luciendo como hombres.

Desde 1990 los genetistas han identificado un conjunto de genes que al activarse pueden dar

un timonazo en el destino sexual de un embrión. El gen SRY, por ejemplo, puede convertir

unos incipientes ovarios en testículos. El gen WNT4 puede bloquear el desarrollo de

testículos. Y el gen RSPO1 puede provocar que las gónadas de un embrión sean una mezcla

de células testitulares y ováricas.

“Estos descubrimientos apuntan a un complejo proceso de determinación sexual —escribe

Aisworth—, en el que el sexo es resultado de una competición entre dos redes opuestas de

genes”. Una de cada 100 personas podría encajar en la categoría de “trastornos del

desarrollo sexual”. En Colombia esto equivaldría a 450.000 personas, casi la población de una

ciudad como Santa Marta.

“Esto ha significado, en cierto sentido, un cambio filosófico en la forma como entendemos el

sexo”, comentó Eric Vilain, investigador de la Universidad de California.

Pero ahí no terminan las sorpresas genéticas. Ese balance entre los sexos no se define por

completo entre la quinta y la sexta semana de desarrollo embrionario. Es una ecuación que

puede cambiar a lo largo de la vida. En experimentos con ratones en 2009 se reportó que una

alteración en el gen Foxl2 transformaba células de ovarios en precursoras de

espermatozoides.

Otra sorpresa ha surgido del examen detallado de células de un mismo organismo. Aquella

vieja idea de que cada una de nuestras células comparte el mismo conjunto genético, es

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errónea. Los científicos han tenido que incorporar en su diccionario genético la palabra

“mosaicismo”. El mosaicismo se refiere a una condición en la que un individuo tiene dos o

más poblaciones de células que difieren en su composición genética.

En 2012 el inmunólogo Lee Nelson, de la Universidad de Washington, llamó la atención de la

prensa cuando anunció que había descubierto en el cerebro de una mujer fallecida células

masculinas. Antes de él, en 1996, otro grupo de científicos había reportado el hallazgo de

células de su hijo nacido 27 años atrás en la sangre de una mujer.

“Los biólogos han construido una visión más matizada del sexo, pero la sociedad todavía tiene

que ponerse al día”, concluye la periodista, al mismo tiempo que se pregunta cómo conciliar

las ideas de los biólogos con unas estructuras jurídicas y sociales mucho más rígidas. La

respuesta de Vilain es que el mejor parámetro para definir el sexo quizás sea el más sencillo:

la identidad sexual. En otras palabras, preguntarle a cada quién qué es, cómo se define.

 

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