El secreto del museo de Henry Chancellor r1.1.pdf

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  • Bienvenidos al Museo Scatterhorn. Fundado hace cien aos, hoy es sombra de lo que fue; solo los animales disecados, sucios y viejos,recuerdan el esplendor de aos atrs. Cuenta la leyenda que, en algn rincn del museo, se guarda el zafiro ms grande del mundo,cuentan tambin que los dos fundadores del museo - sir Henry Scatterhorn y August Catcher - haban sido amigos inseparables,pero"algo"tan grave ocurri que los separ para siempre Ahora, el museo pertenece a los tos de Tom, Acuciados por las deudas,deciden ponerlo a la venta. Y quin es el primer comprador? El misterioso don Gervase Askary, pariente lejano del odiadsimo AugustoCatcher, que parece tener mucha prisa por comprar. Tom no se quedar de brazos cruzados y decidir investigar, y lo primero quedescubrir es que los animales del museo estn vivos y tienen mucho que contar! El museo guarda un secreto, un secreto que harinmortal a quien lo descubra

  • Henry Chancellor

    El secreto del museoLas increbles aventuras de Tom Scatterhorn - 01

    ePub r1.1Rocy1991 17.09.14

  • Ttulo original: The Remarkable Adventures of Tom Scatterhorn: The museums secretHenry Chancellor, 2008Traduccin: Rosa PrezRetoque de cubierta: Rocy1991

    Editor digital: Rocy1991ePub base r1.1

  • Para Louis, Inigo y Esme

  • Prlogo: En este momento, en los confines del mundo

    La noche se cerni sbitamente sobre el valle de Tosontsengel. El jeep se haba pasado el da recorriendo una interminable serie de colinas, alcanzandola cima de una para encontrarse con la siguiente. Y otra. A media tarde, la carretera haba descendido hasta un ancho fondo del valle orientado al oestey, cuando el sol comenz a ponerse, las lisas laderas de las montaas refulgieron con tonalidades anaranjadas y los oscuros pinares que haba debajo setornaron morados.

    Mire, ah. Parece un buen sitio.El jeep se detuvo con una sacudida. El hombre alto y rubio con una descuidada barba se protegi los ojos del sol y seal unos pinos en la linde del

    bosque, teidos de rojo por los ltimos rayos de sol.Ve algo? dijo una voz desde el asiento trasero.El hombre flaco no respondi, pero alzando los prismticos divis, por encima de los pinos teidos de rojo, varias hileras de rboles cados que

    haban abierto una larga brecha gris en el corazn del pinar. Era un lugar ideal.Ah.El hombre lo seal con el dedo, y el conductor, un fornido mongol con un rado forro polar, gru a modo de contestacin. El jeep dej la

    polvorienta pista y se dirigi hacia los pinos cados.Para cuando llegaron a la linde del bosque, el sol ya se haba puesto. El hombre occidental se baj del coche y se desperez. Instantes despus, la

    puerta trasera se cerr, y se uni a l un chino de aspecto sospechoso que llevaba gafas oscuras. El chino mir el bosque y sonri con aprobacin.Un deslizamiento de tierra. Tiene usted muy buena vista, seor Scatterhorn.Gracias.Creo que esta noche tendremos suerte.Eso mismo dijo anoche.El chino volvi a sonrer, pero esta vez Sam Scatterhorn no se molest en ser corts. Se haba pasado todo el da en aquel jeep infernal, zarandeado

    de un lado a otro y respirando el apestoso sudor del conductor, golpendose la cabeza con el almohadillado del techo. Estaba agotado, le dola todo elcuerpo y los buenos modales del seor Wong estaban comenzando a irritarle. Aquella sonrisa esconda algo desagradable

    A trabajar murmur sin entusiasmo, y sac una bolsita y un delgado palo metlico del jeep. Esto puede llevarme algn tiempo.No se preocupe, seor Scatterhorn dijo el seor Wong sonriendo. No vamos a irnos sin usted.Sam Scatterhorn gru.Eso pensaba yo. Haciendo caso omiso de la sonrisa de Wong, se alej por las rocas hasta el pinar.Maldito extranjero dijo entre dientes el seor Wong mientras se encenda un cigarrillo y le daba una calada. Aquel tipo debera considerarse

    afortunado. Muchos daran cualquier cosa por estar en aquel momento en aquella remota regin de Mongolia. Sam Scatterhorn era un don nadie. Wonglo haba encontrado en un hotel barato, viviendo como un indigente. Acababa de salir de la crcel y no tena dinero ni ropa, solo un microscopio. Unilegal, probablemente pens Wong, a la fuga, queriendo hacer dinero fcil para esfumarse cuanto antes. El ya haba conocido a tipos como aquel.A muchos. Pero resultaba que el tal seor Scatterhorn, fuera quien fuese, era el mejor que haba. Aclarndose la garganta, Wong escupi bruscamenteal suelo y sonri. Tena la paciencia de un elefante: poda esperar lo que hiciera falta. Scatterhorn iba a terminar encontrando lo que estaban buscando.Tena que hacerlo. Y si decida darle problemas, bueno, desaparecer en aquella regin tan inhspita era facilsimo. Los accidentes eran frecuentes.Nadie iba a echarlo de menos, no?

    Tras gritar una orden al hosco conductor, que ya estaba desenrollando una vieja tienda de campaa militar, Wong regres al jeep y sac su telfonosatlite. Mientras colocaba la antena en el cap del coche, apag el cigarrillo a la espera de que se realizara la conexin.

    El sol ya haba desaparecido y el fondo del valle era una morada superficie en penumbra. Arriba, en el fresco pinar sumido en la oscuridad, SamScatterhorn lleg a un calvero y se detuvo, apoyndose en un rbol para recuperar el aliento. Cerrando los ojos, respir hondo, impregnndose delintenso aroma a pino. Por fin estaba volviendo a sentirse el de siempre. Los grillos cantaban a su alrededor y, a lo lejos, oy el repiqueteo de un pjarocarpintero. Mirando la luna, sonri para sus adentros: la hora mgica. Aquel era su momento del da preferido.

    Entonces record por qu estaba all. Escrutando los pinos cados que le rodeaban, comenz a clavar el palo metlico en la madera podrida, no sinantes apartar la hojarasca. No tard mucho en encontrar lo que buscaba. Se arrodill delante de un tronco cado, vio un orificio en la blanda maderablanca. Sac su navaja, lo agrand y, a continuacin, extrajo el filo con sumo cuidado. All, enroscada en la punta, haba una rolliza larva blanca deescarabajo de unos cuatro centmetros de longitud.

    Lamprima adolphinae susurr para sus adentros.Era una buena seal. A la criatura no le gust que la sacaran de su agujero y comenz a retorcerse a ciegas.Vale, vale susurr dulcemente Sam Scatterhorn, y volvi a meterla en su blando hogar pulposo.Con cuidado, removi la tierra roja a su alrededor y, poco despus, vio un destello dorado y negro. All estaba. Levantando cuidadosamente una

    hoja, encontr el macho adulto de aquella especie de escarabajo, alerta y totalmente inmvil. Tena las patas negras y su cuerpo era una bruida corazadorada donde se reflejaba el oscursimo cielo azul. A sendos lados de la cabeza, tena dos espinosas mandbulas rosas dirigidas hacia las copas de losrboles, listas para atacar. Era magnfico, como una criatura de otro mundo. Por un momento, Sam Scatterhorn sinti el mismo asombro que se apoderde l cuando muchos aos atrs, de nio, haba encontrado su primer escarabajo en el bosque prximo a su casa.

    Eres grande, eh? dijo en voz baja acaricindole los duros litros dorados al tiempo que sacaba lentamente una caja de la bolsa. Con manoexperta, logr que la criatura se encaramara al extremo del palo metlico, desliz rpidamente la caja por l y cerr la tapa.

    T te vienes conmigo. Sonri dando un golpecito a la caja con el dedo antes de meterla en la bolsa. Veamos, tienes algn amigo para elseor Wong?

    Cuando Sam Scatterhorn regres al campamento, ya era de noche. El seor Wong estaba sentado junto al fuego y, nada ms ver al alto occidental

  • saliendo del bosque, se puso en pie de un salto, impaciente por tener buenas noticias. Pero la hosca expresin de Sam Scatterhorn le sugiri lo contrarioy, dominndose, volvi a sentarse sin dejar de mirar a Sam mientras este dejaba cuidadosamente la bolsa en el suelo y daba un largusimo sorbo a sucantimplora. Al final, Wong no pudo seguir contenindose.

    Cuntos? pregunt. Sam Scatterhorn lo ignor. Uno? Dos? Cuatro? Cuntos, seor Scatterhorn?El conductor, que estaba en cuclillas delante de una humeante cacerola de arroz, mir a Wong de soslayo. El extranjero haba encontrado algo y

    Wong estaba intentando dominar su genio. Aquello le gustaba.Ninguno? espet Wong.Doce respondi Sam Scatterhorn sin inmutarse.Doce!Wong corri hasta la bolsa para verlo con sus propios ojos. Dentro haba doce largas cajas de papel, apiladas y pulcramente rotuladas. Abri una y

    la sacudi con cuidado hasta tener el dorado escarabajo en la palma de la mano. Sofoc un grito. Era el espcimen ms grande que haba visto nunca.Con ojo de contable, midi la anchura de sus mandbulas, espinosas y resplandecientes, a la luz de la hoguera.

    Este podra ser un campen dijo en voz baja. Son todos del mismo tamao?Algunos son incluso ms grandes. Las condiciones son ideales aqu.Wong realiz rpidamente una serie de clculos mentales. En Tokio, las peleas de escarabajos eran un gran negocio y los escarabajos campeones de

    todo el mundo se vendan por muchsimo dinero. Cada milmetro de su longitud aumentaba su valor en centenares de dlares. Y all haba doceposibles campeones! Aquella bolsa poda valer cincuenta mil dlares, cien mil incluso. Contuvo la risa: aquel era el premio gordo, pero no debamanifestar demasiada emocin delante del extranjero, solo por si se daba cuenta del mal negocio que estaba haciendo.

    Esto hay que celebrarlo dijo volviendo a meter el escarabajo en la caja. Qu le parece si nos tomamos la ltima botella de sake?Sam Scatterhorn solo pudo obligarse a sonrer.Eso est mejor dijo Wong rindose. Sabe?, debera sonrer ms a menudo. Es bueno para la salud.Ms tarde, despus del inevitable cordero con arroz que se comi con la ayuda del sake barato de Wong, Sam Scatterhorn estaba acostado junto al

    fuego en su saco de dormir, pensando. Wong no tena de qu preocuparse; l ya saba el mal negocio que estaba haciendo. Pero no tena ms opcin queacompaar a aquellos piratas a los confines de Mongolia en busca de aquellos